En la primera parte de esta entrevista, Anita Bottega recordó sus comienzos en la música junto a su padre, el querido “Flaco” Bottega, y el legado artístico que hoy continúa junto a su hermano Guille “Chicharra” Bottega arriba de los escenarios.Pero detrás de una historia marcada por la música también hay un episodio que cambió para siempre la vida de la familia de la cantante.
En esta segunda parte, Anita se refiere al trágico hecho ocurrido en la localidad de Blaquier, donde su padre perdió la vida junto a otras cinco personas, un episodio que aún hoy permanece sin explicaciones claras para ellos y que este 15 de Marzo cumple dos años.


“Con las otras familias nunca hablé… no sabría qué decirles.” Con un relato cargado de emoción, la joven cantante cuenta cómo atravesaron aquellos días, la difícil decisión de salir a cumplir con los compromisos artísticos que su papá había asumido apenas quince días después de su muerte, y la falta de respuestas que aún sienten.“Tuvimos que salir a cantar a los 15 días”: “Fue duro ver al público llorar”– asegura-
“Nos llevó mucho tiempo entender qué había pasado y lo supimos por gente que vio o contó lo sucedido. A nosotros nadie nos explicó nada”, expresó. Hoy, asegura, lo único que esperan es que la justicia pueda esclarecer lo ocurrido.
“Nosotros seguimos con la música, pero lo único que queremos es que algún día se sepa qué pasó.”
A pesar del dolor y de las preguntas que aún esperan respuestas, Anita y su hermano decidieron seguir el camino que aprendieron desde chicos: el de la música. Subirse a un escenario, ver a la gente bailar y sentir el cariño del público es, de algún modo, una forma de mantener vivo el legado del “Flaco” Bottega, un músico querido que dejó huella en cada lugar donde llevó su alegría. “La gente lo recuerda con mucho cariño y sentimos que mi papá nos acompaña en cada escenario.

“Sabemos que no hay culpables, pero sí responsables. Nosotros queremos justicia.” Hoy, mientras continúan recorriendo escenarios y sosteniendo esa pasión que nació en su propia casa, la familia sigue esperando que la justicia pueda esclarecer lo ocurrido. Porque detrás de cada canción y de cada baile, también late la memoria de un padre que —como dice Anita— siempre quiso lo mismo: divertir a la gente.
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