La Brujula 05-01-202) En la jornada de hoy Lunes 5/01 se registró un incendio forestal en un amplio lote ubicado dentro del ejido urbano de la ciudad de Florentino Ameghino. Se trata de un terreno de más de cinco hectáreas, conocido por los vecinos como la quinta de Mayorga, emplazado entre las calles 14 y 19 y rodeado por numerosas viviendas.
Según relataron vecinos del sector, el lugar habría sido objeto de tareas de limpieza desde horas tempranas de la mañana. En ese contexto, se habrían encendido ramas con la intención de quemarlas, situación que rápidamente se desbordó. El viento norte y la abundancia de pastos secos actuaron como un peligroso aliado, haciendo que el fuego avanzara con rapidez y pusiera en riesgo directo a las casas linderas.
La magnitud del siniestro obligó a un intenso operativo de los Bomberos Voluntarios, quienes trabajaron con tres dotaciones durante aproximadamente tres horas y media. Las tareas se concentraron en avanzar desde distintos frentes, logrando no solo extinguir las llamas sino también enfriar la zona para evitar la reactivación de focos ígneos. Finalmente, el incendio pudo ser controlado sin que se registraran daños mayores, aunque el susto y la preocupación quedaron latentes.
Más allá del episodio puntual, este hecho deja planteadas preguntas que merecen una reflexión profunda como comunidad. ¿Cómo es posible que un predio de tales dimensiones, ubicado en plena zona urbana y rodeado de viviendas, llegue a un estado tan avanzado de abandono y proliferación de malezas, especialmente en épocas de altas temperaturas? ¿Por qué, a esta altura, un terreno que ha quedado prácticamente en el centro de la ciudad continúa sin un proyecto de loteo, urbanización o mantenimiento adecuado?
A ello se suma una preocupación que se repite en cada verano: la falta de concientización en torno al riesgo que implican estas prácticas. Días de intenso calor, ausencia de lluvias y presencia de viento no son, claramente, el escenario indicado para el descuido o la improvisación. Los incendios forestales no solo dañan el ambiente, sino que ponen en jaque la seguridad de las personas y de sus bienes.
Lo ocurrido hoy debe ser entendido como una advertencia. Una invitación a repensar responsabilidades, controles y, sobre todo, la necesidad de una mayor conciencia colectiva para evitar que situaciones evitables vuelvan a poner en riesgo a toda una comunidad.



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