A un año de haber iniciado su camino como profesora, la joven bailarina consolida su espacio con alumnas de todas las edades y proyecta nuevos desafíos.
Con tan solo un año al frente de su escuela de baile Sinergia, Sofía Grottoli ya logró construir mucho más que un espacio de enseñanza: creó un lugar de encuentro, expresión y crecimiento personal a través del movimiento.
Sus comienzos estuvieron marcados por una fuerte convicción y una pasión que la acompaña desde siempre. “El baile es parte de mi vida”, podría resumir el motor que la impulsó a dar el paso de abrir su propia escuela, enfrentando desafíos propios de quien inicia un proyecto desde cero: organizar grupos, adaptarse a diferentes edades y sostener la constancia.
Hoy, ese esfuerzo se ve reflejado en la actualidad de Sinergia, donde asisten alumnas desde los 3 años hasta adultos, conformando un espacio diverso y en constante movimiento. Esta amplitud etaria implica también un trabajo particular en cada clase, entendiendo que el aprendizaje y el cuerpo atraviesan procesos distintos en cada etapa.
En este sentido, Sofía destaca cómo el baile va transformando tanto lo físico como lo emocional: desde los primeros pasos en la infancia hasta la búsqueda de bienestar o expresión en la adultez, cada alumna transita su propio recorrido.
Actualmente, la escuela atraviesa un gran momento, con una importante cantidad de alumnas y una dinámica que continúa creciendo. Este presente no solo refleja el compromiso de la profesora, sino también la confianza de quienes eligen el espacio.
Pensando en el futuro, los proyectos siguen en marcha, con el objetivo de seguir ampliando propuestas y consolidando la escuela como un referente local en la enseñanza del baile.
Finalmente, Sofía deja un mensaje claro para quienes aún dudan en dar el primer paso: animarse. Porque, como demuestra su propia historia, nunca es tarde para empezar y descubrir todo lo que el baile puede ofrecer.

