
Una falsa alarma también tiene consecuencias. Detrás de cada llamado hay personas que dejan lo que están haciendo, vehículos que se ponen en marcha y bomberos que salen sin saber con qué escenario se van a encontrar. Por eso, jugar con una emergencia no es una broma. Es mucho más que eso.
Hoy, una vez más, una alerta por un supuesto incendio movilizó al cuartel de Bomberos Voluntarios de Florentino Ameghino. Como tantas otras veces, los hombres y mujeres que forman parte de la institución no dudaron: ante un llamado de emergencia, se actúa.
Porque un bombero no pregunta primero quién llamó.
No pregunta si realmente es grave.
No calcula si vale la pena salir….SALE
Se pone el equipo, sube al vehículo y deja atrás su casa, su trabajo, su familia, sus actividades. En cuestión de segundos, una rutina cualquiera se transforma en una posible emergencia.
Y cuando finalmente se descubre que todo fue una falsa alarma, queda una sensación difícil de explicar.
Porque lo que para algunos puede ser una ocurrencia, una travesura o incluso motivo de burla, para otros significó movilización, preocupación, tiempo, combustible, desgaste y, sobre todo, poner en riesgo a personas que están preparadas para arriesgarse por nosotros.
Pero quizás lo más doloroso sea cuando esa situación es acompañada por burlas u ovaciones.
¿Qué estamos festejando? ¿Que alguien haya hecho movilizar a una dotación de bomberos sin motivo?
¿Que personas que están preparadas para salvar vidas hayan sido utilizadas como parte de una broma?
Tal vez sea necesario detenernos un instante y pensar qué significa realmente ser bombero voluntario.
Un bombero no es un personaje. No es un entretenimiento. No es alguien que está ahí para que lo llamemos por diversión.
Es quien puede estar llegando mientras nosotros estamos escapando de un incendio.
Es quien puede entrar a una vivienda mientras otros esperan afuera.
Es quien puede llegar a un accidente de tránsito, a una inundación, a un derrumbe, a una situación donde alguien necesita ayuda y no puede valerse por sus propios medios.
Es, muchas veces, esa persona que no conocemos demasiado, pero que esperamos ver llegar cuando más miedo tenemos, y detrás de ese uniforme hay una persona.
Alguien que tiene una familia, que trabaja, que tiene hijos, padres, amigos.
Alguien que también puede tener miedo.
Pero aun así, cuando suena la sirena, VA.
Por eso, quizás la próxima vez que escuchemos una sirena deberíamos pensar un poco más allá del sonido.
Pensar en el bombero que salió corriendo.
En quien dejó su trabajo.
En quien abandonó una mesa familiar.
En quien se levantó de madrugada.
En quien puso en marcha un vehículo que necesita mantenimiento, combustible y recursos.
En todos los que, sin pedir nada a cambio, están preparados para acudir cuando alguien los necesita.
Una falsa alarma no es solamente «una falsa salida». Es una movilización que nunca debió ocurrir.
Y una burla frente a esa situación no es solamente una falta de respeto. Es olvidar el valor que tiene una institución que, cuando llega el momento verdaderamente difícil, queremos tener siempre de nuestro lado.
Cuidemos a nuestros Bomberos Voluntarios. Respetemos su trabajo, su tiempo, su entrega y su vocación.
Porque cuando realmente necesitemos que suene esa sirena, seguramente vamos a querer que ellos estén ahí, y cuando estén ahí, no habrá nada para festejar, habrá una emergencia.
Y habrá un grupo de personas que, una vez más, va a dejar todo para ir a ayudarnos.
«CUANDO SUENE LA SIRENA NO HAY NADA PARA FESTEJAR»

