
Una vecina ameghinense y su hijo de 13 años se contagiaron tras consumir chorizos secos en una reunión familiar. Mientras aguardan la confirmación de laboratorio, enfrentan las secuelas físicas y emocionales de una enfermedad regional que no da tregua. Además confirma cómo habría sido el contagio-
Un caso que vuelve a encender las alarmas en la región. Una vecina de Florentino Ameghino de 30 años y su hijo de 13 transitan días difíciles luego de haber contraído triquinosis tras compartir una picada familiar en la localidad vecina de General Pinto. Los chacinados que provocaron el contagio provenían de una conocida carnicería de Lincoln.
Aunque epidemiológicamente el caso está confirmado y ambos se encuentran bajo tratamiento médico y seguimiento, la angustia y el desgaste físico diario continúan. A través de un desgarrador testimonio, la madre relató cómo es convivir con la enfermedad mientras cuida de su familia:
El relato en primera persona
«Los primeros tres días fueron muy feos: fiebre, vómitos, diarrea y mucho dolor muscular. El cuerpo estaba tan cansado que solo queríamos estar todo el día acostados. Mi hijo levantó fiebre dos días seguidos y yo el sábado. Después empezó la hinchazón en los pies y tobillos.»
«En estos momentos mi niño anda con poco ánimo y mucho cansancio. Hay días que nos levantamos sin ganas de nada y otros en los que andamos un poco mejor. Con la medicación a horario todo se va aliviando, pero el bajón físico se siente.»
El impacto de la enfermedad no detiene la rutina diaria, especialmente cuando se tiene a cargo a niños pequeños:
«El domingo, por la hinchazón, fui a la guardia y me dijeron que mantenga los pies en alto con almohadones, tome mucho líquido y paracetamol cuando duela el cuerpo o levante fiebre. No me podían dar otra medicación. Lo hago recién cuando mi bebé de un año se duerme; mientras tanto tengo que andar atenta a la familia.»
Cómo fue el contagio
El hecho ocurrió durante un fin de semana en General Pinto, cuando la familia compartió una cena. Como antesala, consumieron chorizos secos comprados días antes en un comercio de Lincoln que hoy se encuentra señalado en la zona.
Poco tiempo después, los familiares con los que compartieron la mesa comenzaron con síntomas y dieron «caso sospechoso» en Lincoln. Ante esta situación, el miércoles 22 de julio, ya con descompostura, la vecina acudió al hospital local junto a su hijo para realizarse los análisis de sangre correspondientes. Aunque los resultados de laboratorio están al caer, el cuadro epidemiológico no deja dudas.

